Un estudio de Oxford Economics y el Events Industry Council confirma que la industria de reuniones es un motor estratégico para el turismo, el conocimiento y la inversión.
El turismo MICE (reuniones, incentivos, congresos y exposiciones) genera un impacto económico de tal magnitud que, si fuera un país, se ubicaría entre las principales economías del planeta. Así lo sostiene la Asociación Española de Agencias de Incentivo (IdeMice), respaldándose en el más reciente estudio del Events Industry Council (EIC) y Oxford Economics, que cuantifica la relevancia de la industria de eventos para la economía global.
El informe revela que, durante 2025, los eventos de negocios reunieron a 1.650 millones de participantes, generaron US$1,3 billones en gasto directo, impulsaron US$1,8 billones en Producto Interno Bruto (PIB) y sostuvieron 24,2 millones de empleos en más de 180 países. Si se consideran los efectos directos, indirectos e inducidos, el sector movilizó US$3,1 billones en ventas, una dimensión comparable con la de las mayores economías del mundo.
Más que ocupación hotelera
Para IdeMice, reducir el turismo MICE al número de habitaciones ocupadas es una visión limitada. Su principal aporte radica en facilitar el intercambio de conocimiento, generar negocios, atraer inversión y fortalecer las relaciones entre empresas, instituciones y gobiernos.
“El viaje es el medio, pero el verdadero valor se produce en el encuentro”, señaló Iñaki Collado, presidente de la asociación, al defender que este segmento debe entenderse como una herramienta de desarrollo económico y no únicamente como una actividad turística.
Un motor para los destinos
Los congresos, convenciones, ferias y viajes de incentivo dinamizan una amplia cadena de valor. Además del alojamiento y el transporte, benefician a restaurantes, recintos para eventos, proveedores tecnológicos, empresas audiovisuales, operadores turísticos y pequeños negocios locales.
Otro de sus aportes es la desestacionalización del turismo. Los eventos suelen celebrarse fuera de las temporadas vacacionales, lo que ayuda a distribuir mejor la demanda y a mantener la actividad económica durante todo el año. Asimismo, fortalecen la reputación internacional de las ciudades anfitrionas y facilitan la captación de nuevas inversiones y eventos futuros.
Una oportunidad para Ecuador
El crecimiento del turismo MICE también representa una oportunidad para Ecuador, que en los últimos años ha reforzado su estrategia para captar congresos y encuentros internacionales en destinos como Quito, Guayaquil y Cuenca. La mejora de la infraestructura para reuniones y el trabajo conjunto entre el sector público y privado buscan posicionar al país dentro del competitivo mercado latinoamericano.
Con el turismo de negocios recuperando niveles cercanos a los registrados antes de la pandemia y con proyecciones de crecimiento para los próximos años, la evidencia respalda una tendencia cada vez más clara: el MICE ya no es un segmento complementario, sino un componente estratégico para la competitividad de los destinos y una de las industrias con mayor capacidad para generar valor económico, innovación y desarrollo territorial.

