Las parroquias de Puéllaro, Alangasí y La Merced mantienen vivas antiguas manifestaciones religiosas que cada año convocan a fieles y turistas, fortaleciendo el patrimonio cultural y el turismo comunitario.
La Semana Santa en las parroquias rurales de Quito se vive como una expresión profunda de fe, identidad y tradición. Localidades como Puéllaro, Alangasí y La Merced preservan celebraciones que combinan religiosidad popular, simbolismo y participación comunitaria, convirtiéndose en un atractivo cultural que cada año convoca a cientos de visitantes.
En Puéllaro, ubicado en el sector conocido como La Ruta Escondida, la procesión del Martes Santo es una de las manifestaciones más representativas. Durante este recorrido, doce andas de madera con imágenes religiosas son cargadas por los denominados “esclavos”, devotos que heredan esta responsabilidad de generación en generación. Algunas de estas estructuras pueden superar las 2.000 libras de peso y simbolizan la fortaleza y compromiso espiritual de quienes participan en la procesión.
Por su parte, en Alangasí una de las tradiciones más llamativas es la participación de los conocidos “Diablos”, personajes que recorren las calles representando simbólicamente la tentación y la lucha espiritual por las almas. Quienes asumen este rol deben cumplir requisitos religiosos previos, como participar en retiros espirituales y recibir la bendición del párroco de la iglesia Santo Tomás.
En La Merced, esta figura también tiene un profundo significado cultural. La representación del diablo se transmite como una herencia familiar y quienes la interpretan deben hacerlo durante doce años consecutivos antes de designar a su sucesor. La tradicional procesión recorre la avenida Ilaló y recrea los últimos días de la vida de Jesús, integrando dramatización, devoción y participación comunitaria.
Estas celebraciones reflejan el valor de las tradiciones de la ruralidad quiteña, que además de fortalecer la identidad local impulsan el turismo cultural en el Distrito Metropolitano.
