El modelo de conservación, investigación y participación comunitaria del noroccidente de Quito gana visibilidad internacional.
Ecuador gana protagonismo en el turismo sostenible con el Chocó Andino de Pichincha, territorio destacado en una selección internacional de destinos que aplican modelos de conservación vinculados con la actividad turística. La zona combina biodiversidad, investigación científica y emprendimientos locales y se perfila como una oportunidad para diversificar la oferta de naturaleza del país.
El reconocimiento pone en valor un territorio que ya cuenta con respaldo institucional internacional: la UNESCO declaró al Chocó Andino Reserva de Biósfera en 2018. La reserva abarca 286.805 hectáreas, con altitudes que van desde los 360 hasta los 4.480 metros.
Turismo que sostiene investigación
Uno de los casos más representativos se encuentra en el entorno de Mashpi, donde el turismo de naturaleza convive con proyectos de conservación e investigación. La zona ha permitido documentar especies de alto interés científico, entre ellas la rana de cristal de Mashpi (Hyalinobatrachium mashpi).
La especie fue descrita científicamente mediante análisis morfológicos, acústicos y moleculares. Los investigadores la localizaron en diferentes puntos de la cuenca del río Mashpi, en Pichincha, y recomendaron considerarla en categoría de amenaza debido a la pérdida y degradación de su hábitat.
Este vínculo entre turismo y ciencia resulta especialmente relevante para Ecuador. El visitante no solo consume alojamiento o excursiones: puede formar parte de una cadena económica que contribuye a mantener ecosistemas donde la investigación y la conservación requieren recursos permanentes.
Una oportunidad para Quito
El Chocó Andino también representa una alternativa para ampliar el producto turístico de Quito más allá de su Centro Histórico. El territorio comprende seis parroquias rurales: Nono, Calacalí, Pacto, Gualea, Nanegal y Nanegalito, y reúne distintos pisos climáticos en un espacio cercano a la capital.
Para agencias y operadores, esto abre posibilidades para desarrollar programas de observación de aves, senderismo, gastronomía local, alojamiento de naturaleza y experiencias comunitarias, articulados con la estadía en Quito. La cercanía permite comercializarlo tanto como excursión como producto de mayor permanencia.
El desafío: demostrar el impacto
El reconocimiento internacional, sin embargo, no garantiza por sí solo sostenibilidad. El desafío para Ecuador está en demostrar cuánto del gasto turístico permanece en las comunidades, qué recursos se destinan efectivamente a conservación y cómo se controla la presión sobre los ecosistemas.
La experiencia del Chocó Andino resulta estratégica porque conecta tres elementos que el mercado internacional demanda cada vez más: biodiversidad, experiencias de naturaleza y participación local. Además, Ecuador cuenta con otras reservas de biosfera reconocidas por la UNESCO, entre ellas Galápagos, Yasuní, Sumaco y Macizo del Cajas.
Para el sector turístico ecuatoriano, el siguiente paso será convertir este patrimonio natural en productos comercializables y medibles, evitando que la sostenibilidad quede únicamente como atributo promocional. El potencial está en que cada visita contribuya simultáneamente a la economía local y a la conservación del territorio.

