Restaurantes, vino, productos locales y experiencias culinarias ganan peso en la decisión de viaje y abren nuevas oportunidades para asesores y destinos.
La gastronomía está pasando de ser un complemento del itinerario a convertirse en uno de sus principales motivos. La tendencia se refleja en viajeros que organizan sus fechas y recorridos alrededor de una reserva, una región vinícola o una experiencia culinaria específica, según Regina Gómez, especialista de Fora Travel en Latinoamérica.
El plato como punto de partida
De acuerdo con datos compartidos por Fora, las reservas de hospedaje entre sus usuarios crecieron 58% interanual, mientras que los tours y experiencias culinarias aumentaron 42%. La compañía también señala un mayor interés por alojamientos vinculados con propuestas gastronómicas, una señal de que el viajero busca integrar comida, territorio y cultura en una misma experiencia.
Gómez explica que el cambio también modifica la manera de construir un itinerario. La mesa puede definir primero el destino y, después, el resto del viaje: ciudades, hoteles, excursiones y tiempos de permanencia.
Este comportamiento tiene implicaciones para agencias y operadores. Ya no se trata únicamente de incorporar restaurantes a un circuito, sino de identificar experiencias capaces de convertirse en el eje comercial de una propuesta.
El valor de la curaduría
La abundancia de información disponible en internet también está elevando el valor del asesor de viajes. Para Gómez, la función del profesional consiste en filtrar opciones, validar recomendaciones y convertir una preferencia gastronómica en un itinerario coherente.
Las restricciones y preferencias alimentarias también pueden modificar la planificación. Propuestas vegetarianas, veganas, experiencias de origen y recorridos farm-to-table están llevando a los viajeros hacia territorios y productos concretos.
Esta evolución encaja con la visión de ONU Turismo, que considera la gastronomía una herramienta para diversificar destinos, fortalecer economías locales y vincular turismo con identidad, productos autóctonos y sostenibilidad.
México y Corea ganan protagonismo
México aparece entre los mercados con mayor dinamismo gastronómico. La Guía MICHELIN incorporó al país a su cobertura en 2024 y, en su selección 2025, reconoció nuevos restaurantes con Estrellas y Estrellas Verdes. Pujol y Quintonil mantienen dos Estrellas MICHELIN, mientras nuevas propuestas ampliaron el mapa gastronómico mexicano.
Corea también gana visibilidad, impulsada por el interés internacional en su cultura popular y su gastronomía. Para los operadores, este fenómeno demuestra cómo la cocina puede funcionar como puerta de entrada a un destino y generar productos temáticos con mayor especialización.
De Italia a regiones más específicas
Los destinos gastronómicos consolidados tampoco pierden atractivo, pero la demanda comienza a fragmentarse. Italia, España y Francia mantienen su peso, mientras regiones concretas adquieren protagonismo por sus vinos, productos de temporada y tradiciones culinarias.
El caso italiano ilustra esta hiperregionalización: territorios como Barolo pueden competir por la atención del viajero no solo por su paisaje, sino por el vino, la gastronomía y experiencias vinculadas a temporadas específicas.
Para el trade ecuatoriano, la tendencia abre una oportunidad: diseñar itinerarios alrededor de productos, chefs, mercados, bodegas, productores y cocinas regionales, en lugar de limitar la gastronomía a una actividad complementaria.
La evolución también plantea una tarea para los destinos: transformar su patrimonio culinario en experiencias comercializables sin perder autenticidad. En esa ecuación, la gastronomía puede convertirse en un mecanismo para distribuir el gasto turístico, fortalecer proveedores locales y diferenciar una ruta frente a otras propuestas internacionales.

