La Habana anuncia que desde el 10 de febrero no podrá suministrar combustible de aviación en sus aeropuertos por al menos un mes, lo que amenaza la conectividad turística en plena temporada alta.
El Gobierno cubano notificó oficialmente a las aerolíneas internacionales que operan en la isla que, a partir del 10 de febrero de 2026, el país quedará sin combustible para aviación (Jet A-1), una medida que se mantendría hasta el 11 de marzo, según el aviso aeronáutico internacional (NOTAM). Esta situación afecta a los principales aeropuertos internacionales, incluidos José Martí (La Habana) y los de Varadero, Cayo Coco, Holguín y Santiago de Cuba, entre otros.
La escasez de queroseno se produce en medio de una profunda crisis energética y restricciones de suministro de petróleo atribuidas por La Habana a la presión y sanciones de Estados Unidos sobre los países que exportan combustibles a Cuba.
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La medida podría obligar a las aerolíneas que mantienen vuelos de largo recorrido hacia y desde Cuba a planificar escalas técnicas en terceros países para repostar, alterar rutas o replantear frecuencias, lo que impactaría la conectividad aérea de la isla y la llegada de turistas internacionales.
Varias compañías, incluida Air Canada, ya han anunciado la suspensión de vuelos por la falta de combustible, y procederán a repatriar a miles de pasajeros que se encuentran actualmente en Cuba. Otras aerolíneas estudian ajustes operativos para garantizar la seguridad de sus operaciones.
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La falta de combustible para aviones añade una nueva presión sobre el sector turístico cubano, que ya enfrenta desafíos derivados de la disminución de visitantes en años recientes y limitaciones económicas. La conectividad aérea es un pilar clave para la actividad turística en la isla, y cualquier restricción prolongada podría traducirse en menores arribos, reducción de asientos y efectos en hotelería y servicios.
Mientras tanto, proveedores de servicios, operadores y autoridades del sector siguen de cerca la evolución de esta crisis que, en pleno periodo de alta demanda, podría redefinir la oferta y la experiencia del turismo receptivo en Cuba.
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